Queer no me da: Traduciendo fronteras sexuales y raciales en San Salvador y Washington DC more

Estudios sobre sexualidades en América Latina Kathya Araujo y Mercedes Prieto, editoras Estudios sobre sexualidades en América Latina Índice Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Introducción Kathya Araujo y Mercedes Prieto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 11 SECCIÓN 1: SEXUALIDADES EN DEBATE Entre el paradigma libertario y el paradigma de derechos: límites en el debate sobre sexualidades en América Latina . . . . . . . . . Kathya Araujo © De la presente edición: FLACSO, Sede Ecuador La Pradera E7-174 y Diego de Almagro Quito-Ecuador Telf.: (593-2) 323 8888 Fax: (593-2) 3237960 www.flacso.org.ec ISBN: 978-9978-67-160-3 Cuidado de la edición: Cristina Mancero Diseño de portada e interiores: Antonio Mena Imprenta: Crearimagen Quito, Ecuador, 2008 1ª. edición: junio, 2008 25 Nuevas (y viejas) configuraciones de la intimidad en el mundo contemporáneo: amor y sexualidad en contextos de cambio societal . . . . . . . . . . . . . . . Claudia Moreno Standen Agendas de sexualidad y masculinidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Carlos Sáez Larravide “Queer no me da”: traduciendo fronteras sexuales y raciales en San Salvador y Washington D. C. . . . . . . . . . . . . . . . . . . María Amelia Viteri 43 59 91 SECCIÓN 2: IDENTIDADES EN REVISIÓN Vírgenes, putas y emancipadas en el mundo imaginario de los adolescentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Horst Nitschack Del padre ausente al padre próximo. Emergencias de nuevas formas de paternidad en el Chile actual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Loreto Rebolledo González Maricones: entre la disputa y la clandestinidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Patricio Aguirre Arauz El papel de l@s ginecólog@s en la construcción de los derechos sexuales en Uruguay . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Susana Rostagnol Dalmas 109 Las cuestiones reproductivas y sexuales en Bolivia (La Paz y El Alto) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Virginie Rozée 123 SECCIÓN 4: CUERPOS Y RESISTENCIAS 141 Sacudiendo el yugo de la servidumbre: mujeres afroperuanas esclavas, sexualidad y honor mancillado en la primera mitad del siglo XIX . . . . . . . . . . . . . . . . . . . María de Fátima Valdivia del Rio Entre la clandestinidad y la liberación: representaciones del aborto en la ciudad de Quito . . . . . . . . . . . . . . . Soledad Varea Viteri No hay mujer fea: conceptos de la belleza entre las adolescentes guayaquileñas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Erynn Masi de Casanova Mujeres, cuerpo y encierro: acomodo y resistencias al sistema penitenciario . . . . . . . . . . . . . . . . . . Jenny Pontón Cevallos 179 Mujeres, cuerpo y performance en América Latina . . . . . . . . . . . . . . . Josefina Alcázar 215 233 253 SECCIÓN 3: POLÍTICAS EN SEXUALIDADES La revolución de la píldora anticonceptiva y la cuestión demográfica en Buenos Aires: apropiaciones y resignificaciones de un debate internacional (1960-1973) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Karina Felitti Al filo de la ley: el debate de la Ley Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (25.673 - Argentina) como tecnología de género . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Mabel Alicia Campagnoli Cuando el saber no tiene lugar: la difícil implementación de la educación sexual en el sistema educativo uruguayo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Silvana Darré Otero 269 161 291 309 331 199 7 “Queer no me da”: traduciendo fronteras sexuales y raciales en San Salvador y Washington D.C. María Amelia Viteri1 Resumen El presente ensayo mira las implicaciones de discursos queer y latino en contextos estadounidense y salvadoreño. Establezco la necesidad teórica de traducir fronteras2 sexuales, étnicas y raciales al cruzar aquello que podríamos definir como fronteras trazadas por el género en relación con el cuerpo. Información inicial revela que categorías identitarias estadounidenses como queer y latino no son estables sino que están en constante reinvención de acuerdo a distintas maneras de construir, vivir y entender la sexualidad y la etnicidad. Así, el rechazo de la comunidad activista lesbiana, gay, bisexual, transgénero/a (LGBT) latina hacia lo queer y latino puede interpretarse como una censura a un territorio con representaciones marcadamente estadounidenses dentro de un flujo de traducción permanente y, por tanto, fronteriza. De esta manera, el trabajo hace una crítica a una tendencia hacia la homogenización de lo queer al ignorar variaciones geográficas, raciales, étnicas y de clase, asumiendo una uniformidad contraria a la encontrada en el trabajo de campo. La pregunta principal mira detenidamente la forma en la cual la comunidad LGBT en San Salvador y Washington D.C. negocia las contradicciones y paradojas del lenguaje y pertenencia involucradas en el despliegue de la identidad, considerando las implicaciones de dichas negociaciones en las vidas de las personas LGBT en el espectro geopolítico de El Salvador y Estados Unidos. Palabras claves: género, sexualidad, grupos LGBT, teoría queer, transnacionalismo, diáspora latina, ciudadanía, Centroamérica. 1 2 Antropóloga, Ph.D. (c) de la American University, Washington D.C. Información de contacto: mv7817a@american.edu; maviteri@flacso.org.ec Autores como Bell y Binnie (2000:110) en su discusión de ciudadanía sexual y pertenencia, ilustran cómo las fronteras cumplen diferentes funciones al definir la ciudadanía considerando que dichas fronteras son espacios sociales que son utilizados para delimitar posiciones sobre sexualidad e identidad. Sin embargo, estos mismos espacios abren posibilidades de reconfigurar identidades sexuales usualmente influenciadas por una agenda regulada por un marco de ciudadanía y derechos. En su gran mayoría, estas agendas socio-políticas están basadas en una identidad asumida como universal, que invisibiliza diferencias de clase, raza y etnicidad, entre otras. 91 María Amelia Viteri “Queer no me da” Introducción Durante el verano de 2006 tuve la oportunidad de recolectar información en San Salvador, El Salvador, que expandiera aquélla obtenida en Washington D.C., Estados Unidos, durante dos años (2004-2006) de participación observante como pasante, lo que incluyó la realización de entrevistas a profundidad con miembros de la comunidad latina LGBT3. En dicho período participé en actividades tanto laborales como sociales4 del grupo al cual me refiero como LCentro. LCentro es un grupo latino cuyo propósito es proveer a la población latina, mayoritariamente centroamericana que habita en el Distrito de Columbia, un espacio seguro de interacción en temas legales y en aquellos relacionados con la salud integral. LCentro busca además constituirse en un lugar de reunión para la población LGBT, impulsando activistas y líderes de la comunidad en temas relacionados a los derechos de los/as inmigrantes, particularmente los derechos LGBT, mientras se consolida como una organización que fortalece la acción en las luchas comunes que confronta la población inmigrante, tales como el desplazamiento de sus redes y comunidades como resultado de proyectos urbanos, discriminación laboral, vigilancia policial, citando los más comunes. Los y las activistas con quienes trabajé en San Salvador conocen cercanamente el trabajo de LCentro y generalmente refieren a nuevos/as migrantes a dicho lugar a su llegada a Washington D.C., en una conexión transnacional que extiende y reunifica los espacios territoriales. Durante el trabajo de campo en San Salvador, la investigación se centró tanto en las intersecciones entre sexualidad y raza partiendo de cate3 Este ensayo forma parte de mi investigación doctoral en Antropología en American University, Washington D.C. (Mayo, 2008). Algunas preguntas adicionales que dicha investigación abarca son: ¿cuáles nuevas líneas teóricas plantean un análisis de queer y latino como categorías identitarias para problematizar la construcción social alrededor de la raza y la sexualidad?, ¿cuáles son las diferentes prácticas de negociación utilizadas por los inmigrantes latinos LGBT en D.C. al confrontar contradicciones y paradojas alrededor del lenguaje, de su herencia cultural, el país natal y la comunidad involucrada en el desplazamiento de las identidades? El ensayo es también una revisión y extensión de la ponencia presentada en el Primer Coloquio BLTGTQI y TransArte en la Universidad Andina (Julio 11, Quito, Ecuador), como también un esfuerzo por abrir espacios para discutir mi tema de investigación doctoral en español. Lo dicho incluye talleres, referencias y apoyo médico, atención psicológica y servicios de traducción culturalmente sensibles. gorías como queer y latino/a, así como en las múltiples negociaciones de la comunidad LGBT participante en un contexto migratorio transnacional. Este ensayo aborda las voces de los salvadoreños activistas LGBT, Romero, Stacey y Amarillo. Romero reside en El Salvador, mientras que Stacey y Amarillo residen en los Estados Unidos, en el área de Washington D.C. Una particularidad de Romero y Stacey es el compartir trayectorias de activismo político iniciado con la izquierda y ampliado particularmente con el conflicto y guerra de los 80s en Centroamérica. Esta militancia se extiende –una vez finalizada la guerra– hacia una lucha por los derechos LGBT. En el caso de Stacey, su militancia de izquierda anterior en El Salvador se traslada hacia una militancia LGBT en los Estados Unidos, una vez que su decisión de convertirse en mujer transgénero se hace más evidente, social y políticamente. Por otro lado, a pesar de que Amarillo llegó a los Estados Unidos en la infancia, la trayectoria de sus padres ha sido una de izquierda y, por tanto, su militancia en los Estados Unidos estuvo influenciada por la misma para luego extenderla, durante su juventud, a una militancia LGBT. Los antecedentes de activismo político de izquierda van a trazar la relación de Romero, Stacey y Amarillo con categorías estadounidenses como la de queer. El argumento de este artículo es que lo dicho habilita un espacio en el cual una crítica a lo queer se convierte, al mismo tiempo, en una crítica a lo que representan los Estados Unidos. Lo queer, en este sentido, se traduce como foráneo, caucásico, occidental, elitista, académico, angloparlante, gringo; es decir, en una categoría sexual y/o de género lejana a la vida cotidiana, política y social de dichos activistas5. Para ilustrar lo dicho es pertinente iniciar esta discusión con un texto de Romero, parte del mismo utilizado como título de este ensayo. Romero, de 35 años, es un conocido líder gay salvadoreño y entre los pocos reconocidos por su activismo público por los derechos de la comunidad LGBT. Su perspectiva sobre lo que él mismo denomina como categorías sexuales “de los Estados Unidos” incluye lo queer y cuestiona la estabilidad de la misma: 5 Dicha información es analizada en “Out of Place: Translations of ‘Race’, Ethnicity, Sexuality and Citizenship (United States: Washington, D.C and El Salvador: San Salvador)”, en Adi Kunstman y Esperanza Miyake, eds., Out of Place. United Kingdom: Raw Nerve Books, Spring 2008 - en prensa. 4 92 93 María Amelia Viteri “Queer no me da” “Queer no me da, así como no me daba la palabra gay. La cambiamos y le dimos nuestro propio significado, el ser gay. Ser gay no es sinónimo de homosexual. Ser gay implica un cambio político, reivindicación; término que incluye a la comunidad trans, bisexual, lesbiana. Salir del clóset no es salir y gritarlo. Es vivir tranquilo, que te aceptés como gay en tu casa. Autoaceptarse no implica [necesariamente] ir a la marcha ni hablar frente a la TV”. El que Romero refute tanto la categoría queer como la gay y las ubique como categorías externas en su cotidianidad y lucha política ilustra un malestar hacia categorías entendidas como occidentales6, con adscripciones específicas de raza, etnicidad y espacio geográfico-político. Durante una de nuestras entrevistas y conversaciones, Romero hacía la referencia de que admitir ser “bisexual” es el equivalente a “ser infiltrado en la época de la guerra”. La identidad sexual política del “ser gay” resulta más cómoda en este contexto. Este contexto me obliga a pensar el tema de la traducción transnacional cercanamente ligada a las fronteras geopolíticas, raciales y sexuales, tanto materiales como simbólicas. Dichos cruces presuponen una constante traducción lingüística, racial, étnica y sexual que habilitan mirar más cercanamente los múltiples significados en dicho trayecto, abriendo un espacio para entender procesos de negociación que abarcan políticas migratorias, rutas transnacionales, lenguajes, prácticas y una geografía del espacio en la cual se confrontan sentidos comunes estadounidenses. Al cruzar una frontera, entendimientos previos sobre la identidad en relación a construcciones de raza y sexualidad son reorganizados conforme a las clasificaciones de la nueva geografía. Ante lo dicho, es crucial mirar cómo se traduce el tema de raza y sexualidad en la diáspora latina en los Estados Unidos y su convergencia en la Latinoamérica de dicha diáspora, utilizando las categorías queer y latino como una forma de problematizar la relación discutida como uniforme entre identidad y práctica, cuestionando, a su vez, la aparente estabilidad de los sistemas occidentales sobre los cua6 Para efectos de este ensayo, el uso de “Occidente”, entre comillas, busca recalcar su carácter móvil y descentrado. Las referencias a “Occidente” son hechas en el entendimiento de que éste se encuentra permeando varios espacios a la vez de múltiples e inesperadas formas. les descansan nociones de heterosexualidad y raza entendidos desde la binariedad (masculino-femenino; blanco-negro). Mi argumento principal parte del supuesto teórico que, al cuestionar los discursos a través de los cuales se construye lo queer y lo latino, es posible desentrañar nociones alrededor de categorías prediscursivas sobre la sexualidad y la raza conforme se relacionan con prácticas, deseos y fantasías y el conocimiento producido a través de dichas ecuaciones. Mi interés no es el de despolitizar movimientos identitarios que han logrado atención y ciertos derechos a través de políticas de reivindicación, sino llamar la atención hacia la escasa utilidad de los mismos en el contexto global. La crítica a lo queer y a lo gay se convierte, por tanto, en una crítica a la organización de las categorías identitarias (Vidal-Ortiz 2005; Kulick y Willson, 1995), como también hacia una epistemología basada en una aparente objetividad del conocimiento. Esta crítica ilustra no únicamente las contradicciones, sino los desplazamientos en donde la carga simbólica (racial-étnica-clasista) de queer es utilizada para confrontar entendimientos de la sexualidad percibidos ontológicamente como occidentales, y en este caso particular, como estadounidense. Para poder ejemplificar mejor esta discusión, es necesario volver la mirada a las distintas trayectorias y a la episteme del término queer. La adopción y resignificación de este término en los Estados Unidos a partir de los 90 marcó un rechazo al incremento significativo de violencia en contra de gays y lesbianas, impulsado por la imagen que asoció al VIH/SIDA con lo gay, discurso construido desde el gobierno y los medios de comunicación. Al apropiarse de una categoría que enfatiza una experiencia unificada de rechazo, queer buscaba subvertir las políticas de asimilación a la par que intentaba movilizar y unificar a la población que se identificaba como queer. El slogan clave del movimiento fue “Aquí estamos, somos ‘queer’, acostúmbrate” (We’re here, we’re queer, get used to it). En su genealogía sobre lo queer, Turner (2000: 8) discute el nacimiento de la teoría queer y cómo ésta se inserta en la academia a partir del cuestionamiento de las formas en las cuales adoptamos nuestros géneros y sexualidades, los significados que les atribuimos, las prácticas institucionales que contribuyen a nuestras subjetividades y cómo dichas prácticas nos liberan y nos contienen, citando a De Lauretis (1986), Sedgwick (1990) 95 94 María Amelia Viteri “Queer no me da” y Butler (1993). Uno de los principios de la teoría queer es la fluidez de los sujetos; unos significados en constante reformulación (Wong, Roberts y Campbell-Kibler, 2001). Otra de sus principales formulaciones es la separación entre género y sexualidad, como dos dominios de la vida humana, de manera que el término queer no debe entenderse como un sinónimo de gay o de homosexual. Cada uno de estos términos presenta diferentes trayectorias teleológicas, ontológicas y epistemológicas. Utilizo queer en este ensayo para ejemplificar las múltiples formas en las cuales este término se instala en la comunidad LGBT latina, tanto en San Salvador como en Washington D.C., en un marco que sitúa la traducción de categorías étnicas, raciales, sexuales y de género como herramientas que visibilizan las diversas disputas políticas y sus ramificaciones para debatir estas múltiples intersecciones7. Traduciendo fronteras sexuales y raciales Categorías identitarias como gay han sido tradicionalmente discutidas por activistas y académicos, dentro y fuera de los Estados Unidos, como un término liberador para comunidades no-estadounidenses, una vez que dichas comunidades hayan logrado conocer su existencia, habitar dicha posición y, en algunos casos, disfrutar de sus beneficios en cuanto a derechos. Manalansan (2002, 2003), Muñoz (1999, 2000), Anzaldúa y Moraga (1983) han ejemplificado críticamente las diversas formas en las cuales el habitar una identidad de “gay estadounidense” implica simultáneamente una asimilación a dicha cultura, como también un reconocimiento de la agenda que la acompaña, considerando que la agenda gay no es universal y que presenta una fuerte ambivalencia en relación a 7 Otro estudio con abordajes similares es el de Guzmán (2004: 4), cuya investigación con población puertorriqueña gay ilustra cómo el sujeto étnico en los Estados Unidos no sólo trata de interiorizar una identidad sexual estigmatizada, sino una identidad sexual estigmatizada que mantiene una afinidad electiva con lo blanco, una ubicación racial que los puertorriqueños, en este caso, no pueden y no quieren ocupar. Muñoz (1999), por su parte, maneja un análisis ilustrativo de la problemática de la representación queer y étnica dentro de la política de identidad. Explora lo que habilita que una construcción de identidad tal como “queer no-blanco” sea difícil de habitar. las diferencias étnicas y raciales. Se podría decir, por tanto, que lo “gay estadounidense” confiere, a priori, una adscripción a blanco, intersectado además por los campos de clase y ciudadanía. Insertar el texto de Romero a este marco posibilita un análisis de la identidad como aquella que se construye por mecanismos de poder plasmados en los diferentes discursos e instituciones sociales en donde el cuerpo mismo es una construcción y no un medio pasivo en el cual se inscriben significados culturales (Foucault, 1978; Butler, 1999). Al entrelazar una discusión de identidades LGBT con una discusión sobre el género y la diáspora se hace aun más visible el poder que tiene el discurso para realizar aquello que nombra. En este sentido, el poder actúa como discurso; es decir, la unión del poder y del discurso va a repetir e imitar sus gestos discursivos. Conforme al actual contexto político estadounidense y la lucha por definiciones alrededor de ciudadanía en un marco diaspórico, categorías como american, latino8, queer, transgénero están en constante desplazamiento, incluso desde esta capacidad reiterativa; más aún, al cruzarse con construcciones de raza y sexualidad que se politizan sustancialmente dentro del debate contemporáneo sobre la migración. En este contexto, el adoptar queer juega un papel esencial en la retórica de asimilación al silenciar nociones de latinidad ante el carácter homogéneo de american. El punto de encuentro en donde lo queer y latino convergen presenta una serie de cuestionamientos sobre la construcción de comunidades no-heterosexuales como blancas en los Estados Unidos9. Como mencioné al inicio de esta sección, las múltiples contradicciones inmersas en los procesos de universalización de categorías identitarias se convierten en críticas al mirar más detenidamente a las comunidades transgéneras. Un ejemplo concreto es el asilo político. Con el objetivo de acceder a un asilo político, las personas transgéneras se ven envueltas en un discurso que refuerza representaciones estereotipadas del ‘tercer mun8 A pesar de que muchos/as utilizan hispano y latino sin distinción, en este estudio la elección realizada de usar latino en vez de hispano busca visibilizar la genealogía de latino que conlleva una lucha política que cuestiona lo hispano. Basta recordar que hispano alude directamente a España y, en este sentido, nos remite a prácticas y discursos de la colonia y post-colonia. Brian Harper (1991) señala que las comunidades de color son usualmente patologizadas y que la raza está usualmente adscrita a representaciones relacionadas con promiscuidad, delincuencia, uso de drogas y violencia. 9 96 97 María Amelia Viteri “Queer no me da” do’, en un tipo de performance del discurso gubernamental estadounidense de lo que implica ser ‘transgénero’, entre los casos más llamativos en relación al género. El lugar de la enunciación se convierte al mismo tiempo en un lugar de asimilación, conforme lo ilustra el texto de Stacey a continuación. A pesar de que los Estados Unidos ha sido representado como un paraíso LGBT, aquellas políticas identitarias, que aparentemente han sido diseñadas para proveer espacios alternativos, se convierten en espacios rígidos al cruzar la frontera. Stacey es una transgénera salvadoreña de aproximadamente 30 años y una de las líderes latinas transgénera más visibles en la costa este de los Estados Unidos. Adicionalmente, es una de las voces locales más representativas en el mundo transgénero diaspórico latino, particularmente en el área metropolitana de Washington. El texto, a continuación, hace referencia a las intersecciones y entendimiento de lo transgénero al yuxtaponer conocimientos situados de El Salvador y los Estados Unidos: “El problema es que en este país mucha gente podría [verme] y decir que no soy transgénero… la gente te encaja en una categoría. En El Salvador como mujer transexual no hay formas de hacerse procesos [cambios quirúrgicos visibles]. Para la gente común todas las transexuales son locas. En El Salvador el concepto básico es cómo una se identifica, no importa si hay una combinación mente-cuerpo. Cuando me moví acá, la misma comunidad LGBT te friega si dices que eres transgénero y no tienes senos o no te has hecho cirugía. En El Salvador no sentía presión social de la comunidad, para la gente común yo era gay. Acá, el pelo debe ser largo, debo llevar maquillaje, debo tener [o querer tener] una vagina, senos; estar con hormonas se vuelve súper imperativo”. Esta representación mantiene el énfasis en la cirugía para solucionar aquello visto desde una construcción binaria del género como un supuesto problema, acompañado por la necesidad de dejar lo que se considera como “el caos del tercer mundo” que, al mirar a lo binario, construye a los Estados Unidos como un “paraíso queer”10. El texto visibiliza una fricción 10 Jakobsen (2002) realiza un análisis crítico sobre las diferentes formas en las cuales “Occidente” ha sido construido como un paraíso para queers. corpórea en ser mujer / transexual / transgénera, al momento de cruzar fronteras entre El Salvador y los Estados Unidos. Para desarrollar la idea del cruce de fronteras, es importante mirar a la idea de dejar el país de origen, o de regresar al país de origen, como moverse entre casas. La migración, en este sentido, es un espacio material, vivido. El texto de Stacey reconfigura nociones de pertenencia que, a su vez, ilustran fricciones entre entendimientos salvadoreños y estadounidenses sobre población transgénera. El texto mira a los procesos de normalización cercanamente conectados a lo que Foucault discute como la medicalización del cuerpo. Este discurso está relacionado, a su vez, a una forma de normalizar y homogenizar los cuerpos, en este caso, lo trans. Al hacer un paralelo con el texto de Romero presentado al inicio, ambos textos ilustran la necesidad de analizar los significados alrededor de la sexualidad como significados sociales inestables y sin centro, sujetos a constante transformación y resignificación (Omi y Winant, 1994). Adicionalmente, el texto de Romero se sitúa en oposición a lecturas monolíticas sobre el clóset, conforme lo problematizan Fuss (1991) y Sedgwick (1990) en su discusión sobre la posibilidad de habitar varias posiciones “dentro y fuera del clóset” como también “entre”11. No es posible analizar la racialización de lo queer y la sexualización de lo latino sin mirar críticamente los procesos de traducción que envuelven al cruce de fronteras. Las implicaciones materiales y simbólicas, al nadar a través de un río, cruzar a pie un desierto o, los/as más aventajados, cruzar la frontera migratoria en el aeropuerto, conllevan un proceso corporal de traducción y resignificación. La traducción, episteme de la Antropología, ejemplifica la tradición histórica al intentar comprender culturas foráneas, un proceso que ha involucrado la traducción de conceptos, significados, costumbres, entendimientos y dotación de significados de comunidades estudiadas. La palabra no está sólo en traducción, pero en tránsito, viajando constantemente (Derrida 2000:176). 11 Para ejemplificar mejor lo dicho, Decena (2004: 17) utiliza el concepto de “sujeto tácito” para desplazar el análisis reduccionista de lo gay en la esfera pública. El sujeto tácito sugiere que el salir del clóset puede ser redundante conforme lo ejemplifica Romero. 98 99 María Amelia Viteri “Queer no me da” Trans-locaciones Si bien concuerdo con la dialéctica entre el denominado país de origen y la diáspora, también considero importante la constante resignificación de “Occidente” como intrínsicamente localizado entre los intersticios de los barrios latinos, conforme el texto de Amarillo ilustra a continuación. A pesar de una presunta aculturación basada en la edad de llegada a los Estados Unidos desde El Salvador (7 años), Amarillo no sólo se distancia del término queer y sus adscripciones, sino que se refiere al mismo como “insultante”. “[queer] me parece un poco insultante. Pienso que no tiene una base específica positiva. En ningún caso he tratado de usarlo. [Se usa] en grupos de personas anglos. Esta palabra es más usada con los anglos jóvenes, angloparlantes. En mi comunidad [no hay] nadie que se identifique como queer. Ya tenemos suficiente con esto de transgenders…” Para analizar lo dicho por Amarillo, es útil el argumento planteado por Niranjana (1994: 36) en tanto permite repensar la traducción como no esencialista, al ubicarla como una estrategia de resistencia en lugar de una de asimilación. Amarillo provee varias instancias en donde lo queer posee una carga representativa de una sexualidad no-heterosexual “Occidental”, visible en su referencia a personas anglos, como en su referencia explícita al idioma inglés. Adicionalmente, es importante resaltar la manera en la cual Amarillo enfatiza cómo el término queer no es utilizado por nadie en su comunidad latina, correlacionándolo adicionalmente con la vacuidad del término transgénero. Al insertar esta discusión en un abordaje hacia lo híbrido para entender las delimitaciones de Amarillo de queer, dichas delimitaciones ilustran una búsqueda hacia un entendimiento diaspórico comunitario de la sexualidad que alcanza un momento de hibridez en donde se habilitan múltiples intersecciones entre hogar, fronteras y diáspora, desestabilizando la estaticidad de sus significados (García Canclini, 2001). El vivir en otro lugar al de origen implica estar involucrado en una constante conversación en la que una multiplicidad de identidades son reconocidas, in100 tercambiadas y mezcladas (Chambers 1994: 18-19) al estar envueltas en una re-significación del “ni de aquí ni de allá” con “de aquí y de allá”. El texto de Amarillo es particularmente relevante en esta discusión, pues pone de relieve una crítica a las categorías identitarias estadounidenses utilizadas comúnmente para entender y encasillar las prácticas y culturas de comunidades no-estadounidenses. No es mi intención, a través de este ensayo, referirme a la refutación que hacen latinos/as LGBT al habitar la categoría queer como un fenómeno particular a esta comunidad en Estados Unidos y El Salvador. Por el contrario, utilizo este ejercicio etnográfico para cuestionar sentidos comunes sobre la naturaleza y magnitud de traducciones culturales, como también la mirada antropológica “Occidental” sobre comunidades no-estadounidenses, no-heterosexuales, tanto dentro de los Estados Unidos como fuera de sus fronteras delimitadas geopolíticamente. En mi investigación evito referirme a la población LGBT latina como “grupo subordinado”, siguiendo la invitación de Foucault (1978) y Derrida (1976) a mirar más allá de los binarios y a la necesidad de mirar la metafísica del poder como el ejercicio del poder más que la posesión del mismo. Insto a una teoría de la traducción que ilustre las múltiples intersecciones entre la subjetividad y el conocimiento, y los límites discursivos al traducir marcos culturales. En este sentido, García Canclini (2001) hace un llamado a repensar la hibridez no como una unidad monolítica, sino como diferentes intersecciones y transiciones - translocaciones que en este estudio en particular han posibilitado espacios de resistencia en los barrios de San Salvador y de Washington D.C., envueltos en una permanente dialéctica que dista de aquella deseada homogenización cultural, abanderada por la gran mayoría de discursos sobre globalización. El lugar del sujeto producido por varios discursos conforme lo plantea Hall (1997:56) se convierte en un sitio de traducción continua que rompe la aparente linealidad de los regímenes sexuales y raciales estadounidenses. 101 María Amelia Viteri “Queer no me da” Conclusiones Para concluir: el poder habitar lo queer como signo en los textos analizados dista del discurso académico convencional USAmericano12. Para leer diversos campos de resistencia, es necesario mirar los efectos del poder cuando éste está directamente relacionado con el conocimiento. A pesar de la naturaleza inclusiva de lo queer13 en su formulación académica, así como en el uso inicial dado por los movimientos de base estadounidenses, la comunidad latina LGTB contemporánea no sólo rechaza el término, sino que lo utiliza para confrontar un sistema de raza / sexualidad al que se ven expuestos en los Estados Unidos, sistema que pretende implantar categorías conforme a nociones etnocentristas que dividen al territorio entre negros y blancos, siguiendo a Omi y Winant (1994). La intersección de posicionalidades como queer y latino muestran la maleabilidad de categorías y la creatividad política en donde dichos términos son reinterpretados para dar paso a una discusión ampliada sobre procesos de migración globalizados en relación a marcos de desarrollo. Las vidas de Romero, Stacey y Amarillo están constantemente permeadas por lo que Foucault denomina “tecnologías de poder”, aunque al mismo tiempo transgrediendo las mismas, conforme lo ilustra este ensayo. En este sentido, los controles alrededor de inmigración y ciudadanía funcionan en doble sentido: como medios para delimitar la nación y la ciudadanía y como el loci para confrontar y re-trabajar dichos límites (Luibhéid y Cantú 2005: xi). Una mirada más cercana a dichos controles permite interrogar lo queer dentro de una intersección con lo racial que mira las categorías como objetos dentro de una historicidad epistemológica. Al igual que Niranjana (1994: 36), no es mi deseo proponer una nueva forma de teorizar la traducción y la interpretación cultural. En lugar de ello, mi intención es empujar las fronteras de estos dos dominios para mapear las economías a través de las cuales lo queer y lo latino son 12 Término iniciado por Carlos Decena, sociólogo dominicano y catedrático en la Universidad Rutgers, Nueva Jersey. 13 Teóricas como Judith Butler instan a utilizar el término ‘queer’ como aquel en constante movimiento y resignificación, particularmente en comunidades inmigrantes y en aquéllas que no forman parte del mainstream ideal en la dicotomía ‘blanco-negro’ estadounidense. producidas. Al hablar de políticas de traducción y resignificación estoy trabajando con una historicidad que reconoce la disparidad geográfica de lo queer14, en los espacios geográficos - territoriales analizados. Algunas preguntas a futuro que este ensayo plantea son aquellas directamente relacionadas con las implicaciones de la normalización de cuerpos como los de Romero, Stacey y Amarillo. Esta normalización conlleva, desde el nacionalismo cultural, la asimilación, la creación y reforzamiento de fronteras geopolítico-sexuales reales e imaginarias, políticas anti-inmigratorias cada vez más hostiles, la homogenización de cuerpos latinos LGBT para agendas políticas de movimientos sociales como también para obtención de ciudadanía, siendo el asilo político uno entre varios ejemplos. Bibliografía Bell, David, John Binnie (2000). The Sexual Citizen: Queer Politics and Beyond. Blackwell Publishers: Oxford. Butler, Judith (1993). Bodies that Matter: on the Discursive Limits of “Sex”. New York: Routledge. ____________ (1999). Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity. New York: Routledge. Chambers, Ian (1994). Migrancy, culture, identity. London: Routledge. Derrida, Jacques (1976). Of Grammatology. Traducido por Gayatri Chakravorty Spivak. Baltimore: Johns Hopkins University Press. 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